¿QUE ENSEÑAMOS?

Enseñamos El CAMINO ESPIRITUAL: y esto requiere, primero, que entendamos y aceptemos ‘al Espíritu que nos vive’.

Espíritu no es Alma: Alma es psiquis y es la sustancia espiritual que gobierna las emociones, sentidos y el subterráneo mundo de los ‘estados latentes’.

Espíritu no es mente: la mente en el Hombre corresponde a la estructura psicológica, modos de pensar, capacidad intelectual; la mente natural corresponde a las formas y contenidos que el ser humano trae desde su nacimiento y que se manifiestan ya desde temprana edad, y refleja una estructura mental , capacidad, talentos y prioridades de inteligencia que el individuo desarrolla con facilidad y en forma ‘natural’; mientras que se entiende por mente artificial a todo conocimiento, forma y estructura que se adquiere por aprendizaje impulsado por otros factores que no son ‘naturales’; influencia y necesidad del mundo, imposición del medio ambiente, forzamiento cultural, necesidad intelectual por asuntos de ego, del mundo, o propósitos incentivados por lo material. Etc.

El Espíritu es el elemento Creador que proviene de nuestros Orígenes, El Padre. Es el gen paterno que nos da semejanza con el Creador. Es Dios en Mí.

El Camino Espiritual es el andar, el viaje, el tránsito y la experiencia del Espíritu, con el Espíritu y desde el Espíritu.

Es Cristo nuestro Dios, guía y conductor en este reconocer, asumir y vivir bajo la meta e inducción del Espíritu que nos habita. Nuestra práctica es con y en Cristo.

Tres disciplinas espirituales tenemos a disposición para este logro:

1.- Oración Crística

La Oración es un MEDIO para DIALOGAR con nuestro Señor, y una de las herramientas más poderosas que el Hombre de fe posee para comunicarse con Dios. Es un EJERCICIO DE DIÁLOGO y relación con nuestro Dios que exige Verdad y Honestidad.

La Oración es un estado místico, es un estado de unión con Dios. El rezo no siempre es oración, sobre todo si se repite en forma fría, sin amor, sin convicción y sin entender la profundidad de lo que se expresa. Para orar es necesario: La Palabra; el silencio para escuchar la inducción del Espíritu; la respiración; la armonía con el cuerpo (limpieza, alimentación equilibrada, ejercicios de relajación, tasteo del cuerpo energético, etc.); la limpieza de la mente (arrepentimiento y perdón, revisión crítica, aceptación, expresión interior de la fe); la purificación psíquica (Alma), donde todo vestigio contrario a la voluntad de Dios es desechado, y finalmente, la conciencia de ser ante todo y antes que nada seres espirituales todo eso, en su conjunto, es imprescindible para entrar en el Templo interior de la Oración.

La Oración de la persona que se eleva a Dios, es siempre un Estado Espiritual, es decir: sin intenciones turbias, ni para cosas que no sean correctas y buenas, con apertura y con buena disponibilidad hacia la Voluntad de Dios. No debe forzarse ni hacer formal las palabras que dirigimos a Dios, sino que debemos ir con verdad, con suma sinceridad de lo que nos vive ante nuestro Dios, sin guardar nada. Debe ser una conversación sincera, un diálogo abierto con JesúsCristo.

Nos entrega una clave precisa, simple y poderosa: si dos o más se ponen de acuerdo, afianzados por la Fe, y en nombre de Cristo piden ayuda al Padre Creador para la obra de Bien en la Tierra… les será concedido.

2.- Contemplación y Meditación Crística

La Meditación es una herramienta espiritual que cualquier persona puede aprender; no tiene condiciones de ningún tipo; sólo basta la disposición, la disciplina, la inocencia: pues las herramientas espirituales finalmente están dentro de nosotros mismos. Pues como seres humanos integrales tenemos un Espíritu que si lo ponemos en movimiento es receptivo a su propia naturaleza. Muchas veces sin siquiera pensarlo podemos tener estados de contemplación, pero son solo eso: pequeños espacios de tiempo de un estado. Entonces la Meditación es la herramienta que nos permite prolongar dicho estado y comenzar a ver la realidad Divina que habita en nosotros: la verdad de Dios cuan Ser Creador que nos llena en lo más profundo de nuestro Ser, pero que tampoco está ajena a la realidad inmediata que vivimos en este mundo. Por ende, no es necesario vivir aislados del mundo para poder meditar, ya que, si nuestro Espíritu es ‘Dios viviendo en nosotros’, la Meditación entonces es el MEDIO para llegar a este Espíritu, en cualquier lugar y en todo tiempo. Lo que realmente importa es que tengamos a Cristo como nuestro conductor y tengamos la disposición a ser transformados gradualmente por el Espíritu que irá despertando en nosotros.

3.- Práctica con los Evangelios

 

Los Evangelios o ‘la buena nueva’ según su traducción, (también llamado ‘nuevo testamento’) son el conjunto de enseñanzas y mandatos de Cristo para los suyos. Se le llama buena nueva o nuevo testamento, ya que este conjunto testimonial son el nuevo mensaje de Salvación – ejercido por Gracia de Cristo- prometido al antiguo pueblo de Israel; y se inicia con la encarnación del Cristo en Jesús; la acción Salvadora en los Tres Días (muerte y Victoria); y con los hechos posteriores a su Resurrección (40 días).

Cuatro son los evangelios “oficiales” o Sinópticos: Marcos, Mateo, Lucas y Juan. Pero el nuevo testamento está compuesto por: los 4 testimonios; Hechos de los Apóstoles; Cartas de Pablo, Pedro, Juan y Santiago; y Apocalipsis.

En este conjunto testimonial se plasma la NUEVA Ley de Vida: la Resurrección. Instaurada por Cristo en Jesús desde su paso por la muerte, los Tres Días de Victoria, los 40 días de Restauración, y la posterior bajada del Espíritu Santo-Pentecostés- Todos hechos centrales que cambian la Ley de Vida antigua que regía al Hombre, instaurando la Nueva Ley de Vida que tiene por autoridad a Cristo, el Dios Salvador.

Entonces, el mensaje central de los evangelios es: 1) Que Cristo, el Verbo, el Hijo de Dios encarnó entre los Hombres y cumplió la promesa de cerrar la antigua Ley de Vida y elevar a los Santos Dormidos en el Sueño de la Espera. 2) La Ley de Vida cambió: de estar bajo una Ley de Reencarnación y de Eterno Retorno, en donde el pecado marcaba la deuda permanente del encarcelamiento del Hombre debido a la caída adámica…ahora,  por el sacrificio y victoria de Cristo en Jesús,  en los Tres Días del paso por la muerte, Él nos abre- para todo Hombre y Mujer sin importar creo, raza y creencia-  la Nueva Ley de Resurrección: en donde cada uno recogerá la cosecha de su propia siembra, y cada uno será reconocido por sus propios frutos. Y de acuerdo con lo sembrado en esta vida carnal obtendrá un tipo de cuerpo posterior concordante con sus causas. Por lo mismo, Cristo llama a los Suyos a tener Fe y vivir en la Fe que lo alza a Él como Dios Salvador: pues todo acto en base a esa Fe, en coherencia y verdad, asegura, por Ley de Resurrección, la entrada al reino superior. 3) Las normas, mandatos y objetivos que todo quien declara creer en Cristo debe seguir: que se llega al Padre solamente por Él, el Cristo; y que al Reino del Padre entra solamente aquel y aquella que pone por Obra el designio del Creador que se halla en el nuestro Espíritu;  que Cristo volverá cuan Dios que es- y ya no como hombre-  después de un Tiempo de Tribulación, para alzar a los leales en la Tierra y unirlos a los leales en su Reino y abrir así el Nuevo Tiempo llamado Milenio de Paz.

¿Cómo abordamos estas escrituras?

Para los Crísticos el Evangelio es Palabra Viva de Cristo,  heredada al Hombre y Mujer de Fe,  para ser llevada  la práctica en todos los ámbitos de su vida,  para ponerla por obra en toda circunstancia. Son la medida de nuestra coherencia de Fe y el mapa objetivo para relacionarnos con Cristo como el Dios que ES, y en base a cómo Cristo concibe la relación entre Dios y el Hombre. El Evangelio educa y exige práctica concreta, y vencerse a sí mismo para que sea el Espíritu de Dios -que vive en la persona-  quien gobierne.